La nereida Galatea: Arte e inspiración marina


Nuestro llaut responde a Galatea, un nombre que nos sumerge en antiguos mitos griegos, plagados de personajes mágicos, protagonistas de historias ligadas al Mediterráneo que han llegado hasta nuestros días a través del arte y la literatura.


galatea nereida

En nuestro tiempo y a orillas de las mismas aguas que inspiraron su origen, seguimos encontrando la mitología griega igual de fascinante que sus propios creadores. Estas historias dotaban de sentido a universos y fenómenos indescifrables para los antiguos y aún en la actualidad, con la ciencia presente como motor de resolución de todos los misterios, las diosas, los monstruos y los héroes de antaño forman parte de nuestro mundo.

El mar Mediterráneo, el vinoso pontos que describía Homero en la Odisea, fue elemento clave en el desarrollo de la civilización griega y entre todo el elenco de criaturas y divinidades mitológicas, existían muchas vinculadas a sus costas y moradoras de sus aguas.

Podemos hacer alusión a las más conocidas, las archiconocidas sirenas o a la máxima autoridad de los mares Poseidón, pero el nombre de nuestro humilde llaut proviene en realidad de una de las hermosas ninfas marinas que llamamos nereidas.

Las Nereidas - Joaquín Sorolla (1886)

Las semidiosas protectoras del Mediterráneo

Las nereidas o Νηρείδες debían su nombre  a su padre Nereo (el más antiguo dios del mar, sabio y benévolo) y su madre era Doris, de la cual heredaban su belleza. Un total de cincuenta hermanas vivían en las tranquilas profundidades del Mare Nostrum y no dudaban, en calidad de curiosas y benefactoras de los marineros en subir a la superficie para ayudar a los barcos en sus travesías y procurarles un viaje ligero.

Hesíodo las menciona, narrando que «ellas calman fácilmente las olas sobre el brumoso mar y las ráfagas de furiosos vientos.» y aventureros como los Argonautas de Jasón fueron socorridos por ellas en su búsqueda del vellocino de oro. Aparecen en la poesía griega desde Homero hasta Apolonio de Rodas; y en la latina en los versos de Virgilio, Ovidio o Propercio.

galatea
Sagradas hijas del marino Nereo, de tez suave como capullos de rosa, que marcáis las profundidades marina
con vuestra presencia, que gustáis de la danza por los caminos del mar, cincuenta doncellas arrebatadas por
el delirio divino entre las olas, que os alegráis siguiendo tras el carro de los Tritones (…)
 
Himno dedicado a las nereidas Himnos órficos, Himno XXIV.
Las nereidas simbolizan todo aquello que hay de hermoso y amable en el mar. Se las representa con forma humana, etéreas como espuma de mar cuando emergen a la superficie. Sus largos cabellos coronados con ramas de coral y sus pies descalzos cuando no unidos en una cola de pez. Su piel clara, casi transparente. Son amantes de la música, tocan variedad de instrumentos y entonando sus melodiosas voces bailan en sus palacios de cristal vestidas con túnicas de seda blanca con bordeados dorados o a veces totalmente desnudas. Nadan o cabalgan a lomos de delfines, hipocampos y otros monstruos marinos y en muchas ocasiones portaban el tridente de Poseidón, de cuyo séquito forman parte.
 

¿Nereidas o sirenas?

Aquí hacemos un pequeño paréntesis ya que es probable que a alguien os haya rechinado una cuestión: ¿las nereidas tienen cola de pez? ¿Esas no eran las sirenas? 

La cuestión daría para un extenso artículo que publicar aparte, pero podemos señalar aquí un par de detalles importantes para entender la diferencia.

En la mitología griega y anterior, las sirenas eran seres feroces, devoradoras de carne humana y terribles a ojos de los helenos. Engañaban a los barcos con sus cantos para que se estrellaran en las rocas y allí daban buena cuenta de los marineros. Nada que ver con el carácter de las benévolas nereidas ni tampoco con su aspecto. Mientras que las nereidas, como hemos visto, eran figuras femeninas antropomorfas, bellas y con características de animales marinos como escamas y colas de pez (aunque no siempre), las sirenas eran básicamente monstruos con cabeza de mujer y cuerpo de ave de rapiña, dotadas de garras afiladas y nada compasivas. 

Otro asunto es que a lo largo de la historia, fueran confundiéndose y mezclándose características de ambas criaturas en la cultura popular, adoptando las sirenas cualidades originales de las nereidas. Cuando el cristianismo avanza en Europa rechaza o borra todas las creencias y mitologías paganas anteriores y las nereidas irán poco a poco cayendo en el olvido mientras que las sirenas serán las únicas que aparezcan en los bestiarios medievales, ya con cola de pez y representadas como mujeres presumidas e incitadoras del pecado  (recordemos, moral cristiana). Estamos hablando del Siglo VI d.C y a partir de aquí es fácil encontrar ejemplos de sirenas como los archiconocidos de Andersen y Walt Disney, que marcan nuestro imaginario actual.

Representación clásica de sirena
Las sirenas y Ulises
Sirena, ya con atributos de pez, en bestiario medieval

El culto a las protectoras del mar

Las nereidas comparten una cualidad con sus divinos progenitores, ni mienten, ni olvidan. Su condición de semidiosas les permite ver, conocer y entender el cosmos de manera superior a la de los meros mortales. Este carácter omnisciente constituye un vínculo sobrenatural entre la vida y la muerte y explica que su iconografía estuviera muy asociada al mundo funerario desde el siglo IV a.C.

Los griegos adoraban a las nereidas en altares situados en playas y acantilados, en donde se les ofrendaba leche, aceite y miel antes de embarcarse. Rendirles pleitesía era la forma de ganarse una navegación segura.

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Las nereidas junto al cadáver de Aquiles
galatea nereidas
Mosaico en el que se representa a las nereidas

La iconografía de las nereidas en el arte griego estaba estrechamente relacionada con episodios de la vida de Aquiles: se las muestra llevando sus armaduras antes de la guerra de Troya, trasladando sus armas cuando muere Patroclo y llorando junto a su tumba cuando el héroe es derrotado por la famosa flecha que atraviesa su talón. Su imagen aparece en objetos tan comunes como vasos y ánforas y menaje de barro cocido y monedas. También en joyas , frescos, mármoles, bronces, piedras grabadas y  sarcófagos.

En la Antigua Roma, siguiendo con la tradición helenística, utilizan su imagen en frescos, mosaicos y sarcófagos y las nereidas aparecen casi despojadas de sus vestiduras, enjoyadas y en ocasiones haciendo flotar sus túnicas a modo de velo, en actitud de idilio con tritones o ictiocentauros o tocando instrumentos de cuerda.

Las cincuenta hermanas nereidas

Pese a ser semidiosas o diosas menores, para una cultura tan vinculada al mar las hermanas nereidas eran veneradas y muy respetadas. Muchos de sus nombres están relacionados con los aspectos físicos del mar (brillo, color, calma…) asociados al tráfico marítimo y el comercio, o a la potestad que ellas mismas ostentan sobre el elemento marino. 

Algunas de ellas son:

Aktáie, «que sacude la arena»

Anfitrite «la tercera que rodea [el mar]»

Psámate «arena de la orilla del mar»

Nerea «que fluye, nada»

Pese a que se las concibe como un conjunto y así se las representaba habitualmente, de entre todas las hermanas, dos destacan como protagonistas de varios mitos que aún se recuerdan. Una es Tetis, famosa por ser madre de Aquiles y por sus intervenciones en la Iliada y la otra la que aquí nos concierne: Galatea

Galatée - Gustave Moreau (1896)

Galatea, la diosa del mar en calma

“Blanca como la leche” podría ser el significado etimológico de su nombre, o al menos así se creyó durante mucho tiempo a causa de la descripción que de ella hace el poeta latino Ovidio. Sin embargo, otras fuentes creen que la raíz indoeuropea Gal-, que evoca fuerza y poder,  es el verdadero origen, aludiendo a una figura femenina fuerte y con poderes, descripción digna de una semidiosa como Galatea.

En el principal mito que habla de su persona se la sitúa en la isla de Sicilia y es allí dónde acontece el trágico desenlace del triángulo amoroso de la nereida con el cíclope Polifemo (sí, el que será engañado por el ladino Ulises en la Odisea) y el pastor Acis.

Esta historia es representada en la historia del arte, la literatura y la música por diferentes artistas. Existen numerosas obras pictóricas de todas las épocas, relatos de autores clásicos como Ovidio, poemas de la Edad de Oro y hasta óperas como la famosa «Acis y Galatea» de G.F. Handel.

El poeta y dramaturgo Luis de Góngora  dibuja así a nuestra ninfa al comienzo de la Fábula de Polifemo y Galatea (1612), una de sus obras más reconocidas:

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Ninfa, de Doris hija, la más bella,

Adora, que vio el reino de la espuma.

Galatea es su nombre, y dulce en ella

El terno Venus de sus Gracias suma.

Son una y otra luminosa estrella

Lucientes ojos de su blanca pluma:

Si roca de cristal no es de Neptuno,

Pavón de Venus es, cisne de Juno.

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Purpúreas rosas sobre Galatea

La Alba entre lilios cándidos deshoja:

Duda el Amor cuál más su color sea,

O púrpura nevada, o nieve roja.

De su frente la perla es, eritrea,

Émula vana. El ciego dios se enoja,

Y, condenado su esplendor, la deja

Pender en oro al nácar de su oreja.

Pese a lo barroco de la descripción, entendemos que Galatea es, sin duda, una auténtica belleza. El poema continúa narrando como Polifemo se encapricha de ella y cuando la ve yaciendo con su enamorado Acis, preso de un ataque de celos, les lanza una pesada roca que aplasta al desafortunado joven. Galatea, lejos de aceptar el fatal destino, convierte a su amor en un río que mana debajo de la piedra y así fluye hasta el mar, dónde ella vive, lo que les mantendrá unidos para siempre.

Hay dos cuadros que reflejan el mismo momento, “El Triunfo de Galatea” y destacan entre muchas otras obras por su significado y su técnica. Hacen referencia al momento en que ella renuncia a la seducción y lo carnal (representada por Polifemo en el mito y por los tritones en los cuadros) para entregarse al amor platónico que representa su amante perdido. Lo que quiere destacarse es su actitud y no solo su belleza.

El Triunfo de Galatea
Artemisia Gentileschi (1640)

Artemisia es una pintora fascinante que os invitamos a descubrir. Trata el cuerpo femenino de una manera especial y da protagonismo a las mujeres en sus obras. Representa a Galatea como elemento central, iluminada y enmarcada por el movimiento del manto de intenso color azul, destacando su presencia por encima de la de los tritones que bailan a su alrededor. Lleva las riendas de una concha arrastrada por delfines y se muestra triunfante, independiente y poderosa, un reflejo de la realidad que la pintora vivía en ese momento, su etapa napolitana, siendo ya una artista consagrada y respetada.

El Triunfo de Galatea
Rafael Sanzio (1511)

Este fresco se encuentra en una villa de la ciudad de Roma y Rafael muestra aquí sus dotes en dinamismo pictórico, uso del color y una clara inspiración clasicista. Galatea, subida en una concha-carro conducida, de nuevo, por dos delfines no forma parte del caos y la sensualidad del resto de la composición. Ella es el centro de la misma y la única que conserva el amor puro (platónico). Esto se traduce en su pose serena y en su mirada dirigida hacia la parte superior izquierda, donde está el único cupido que, detrás de la nube, no malgasta sus flechas si no que espera al amor verdadero.

Existe otra Galatea en la mitología clásica, aunque no tiene nada que ver con nuestra historia. Pigmalión era un rey incapaz de elegir una mujer con la que desposarse y queriendo reflejar su idealización de como debía ser su reina creó una estatua que se convirtió en su obsesión. Tan enamorado estaba de la figura de mármol que la diosa Afrodita, conmovida, dotó a la escultura de vida. De este mito surge el concepto del Efecto Galatea que es un fenómeno psicológico en el que las expectativas que tenemos sobre una persona influyen en su comportamiento y desempeño.

El llaut con nombre de nereida: Galatea

Al buscar inspiración  en la mitología griega a la hora de nombrar a nuestro llaut, el nombre de Galatea no tardó en aparecer.

Fuera de su historial amoroso encontramos consonancia a lo largo de los mitos en considerar a Galatea la diosa del mar en calma y una protectora de navíos como nereida que es. 

Es un nombre que dota al llaut de una narrativa preciosa y antigua,  que le imprime también su carácter como embarcación afable y ubicada en estas costas mediterráneas de aguas casi siempre amables con sus navegantes.

Queremos creer que la auténtica Galatea está encantada con este homenaje a ella y sus hermanas y nos proveerá siempre, desde las profundidades de este Mediterráneo que compartimos, una mar favorable que nos permita vivir muchas más aventuras a bordo de nuestro llaut.

· Larga vida a Galatea y buena travesía ·

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Fuentes:

Ovidio. Metamorphosis. Gredos.

Virgilio. La Eneida. Gredos.

Homero. Odisea. Malpaso y cia.

Herodoto. VII, 191

Guerra, Manuel. Simbología románica. FUE.

Grimal, P. Diccionario de la mitología griega y romana. Paidós.

Rodríguez, Mª Isabel. Las Nereidas en Grecia y Roma. PIMCD 2019, nº 164

DECEL, Diccionario Etimológico Castellano en línea

 

 

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